Reforma Laboral: Héroes y Villanos sanjuaninos en las redes sociales
En San Juan, la Reforma Laboral no se discute sólo en el Congreso: también se plebiscita en las redes. Y como toda pelea grande, necesita personajes. Del lado del “sí”, el oficialismo provincial que conduce Marcelo Orrego se sube a la idea de “modernizar” una ley “vieja” y mover piezas para que haya más empleo. Del lado del “no”, el peronismo que lidera Sergio Uñac se para en la defensa de derechos adquiridos y en la sospecha clásica: que “flexibilizar” termina siendo recortar. El resultado es una grieta reconocible, pero con una particularidad sanjuanina: la conversación real, la que muerde, está atravesada por bronca y por una mayoría que se corre del tema.
Para dimensionar por qué este debate prende fuego rápido, conviene mirar el mapa laboral de la provincia. El Censo 2022 registra 339.772 personas ocupadas y una población total de 822.853. Dentro de esa ocupación, el corazón del mundo del trabajo es empleo dependiente: 176.623 son empleadas/os (aprox. 52%). Le siguen 100.746 cuentapropistas (casi 30%), 23.419 en servicio doméstico (casi 7%), 13.439 empleadores (cerca de 4%) y 11.694 trabajadores familiares (alrededor de 3,4%). Y hay un dato que cruza el debate como un cable pelado: los trabajadores registrados eran 80 mil a julio de 2025 (SIPA), es decir, alrededor de 1 de cada 4 de los ocupados si se los compara con ese universo (aprox. 23,6%). Con esa estructura, cualquier reforma que toque jornada, vacaciones u horas extra se siente en la piel de muchísima gente, y se interpreta (a favor o en contra) con una pregunta básica: “¿a mí me mejora o me empeora la vida?”.
Por eso, cuando se baja a la opinión pública nacional, aparecen alertas rojas. Un estudio nacional de Zuban Córdoba muestra rechazos contundentes en puntos sensibles: 81,3% en contra del pago con tickets canasta, 71,5% de desaprobación a jornadas de 12 horas, 60,1% en contra de flexibilizar vacaciones y un 88,5% que se opone a eliminar el pago de horas extra. Es decir: si la reforma se parece a eso, el “humor social” ya viene inclinado.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando el tema aterriza en una publicación concreta en Facebook? Ahí aparece el termómetro más crudo: no lo que la gente dice en abstracto, sino lo que reacciona cuando un dirigente pone la cara. El 11/02/2026, Diario Móvil publicó una nota titulada “Martín a favor de la Reforma Laboral”, con declaraciones del vicegobernador Fabián Martín respaldando el proyecto y pidiendo cambios a una ley “del 74”. La publicación tuvo 397 reacciones, fue compartida 28 veces y se analizaron 410 comentarios. ¿Qué emoción dominó? La mezcla típica de estos tiempos: aprobación y enojo, casi cabeza a cabeza. Hubo 163 “me gusta” (alrededor del 41% de las reacciones) y 158 “me enoja” (casi 40%). En el medio, 48 reacciones de “me divierte” (burla/ironía), un recordatorio de que en redes el sarcasmo también es voto.
Pero lo verdaderamente revelador está en los comentarios, donde se ordena la discusión por posición de los comentarios. El 44,74% se manifestó en contra y apenas 8,27% a favor. El dato que incomoda a todos los estrategas es otro: 45,86% quedó fuera de tema. Traducido: casi la mitad no discute la reforma; discute “todo lo demás” que arrastra la política cuando abre la boca. Ese corrimiento explica por qué las declaraciones “institucionales” del gobernador Orrego (más medidas, más cuidadas) no logran el enganche suficiente para un análisis robusto en redes: el volumen, la chispa y el conflicto se activan cuando habla una figura del mismo espacio, pero más frontal. Por eso, para leer la posición del oficialismo, el caso Martín funciona como proxy: no porque sea “otro” oficialismo, sino porque es el que prende la mecha en la conversación.
Si miramos la emoción por posición, el cuadro es todavía más nítido. Entre quienes están en contra, el sentimiento es prácticamente monocromático: 96,64% enojo. Entre quienes están a favor, predomina la ausencia de emoción fuerte (72,73% “ninguna”) y aparece algo de alegría (22,73%), pero con mucha menos intensidad. La bronca, además, no es tibia: la intensidad promedio del discurso en contra es 2,76 y dentro de ese grupo el 75,63% cae en intensidad alta. En otras palabras, el rechazo no sólo es numeroso: es ruidoso, y tiende a escribir “con sangre en el teclado”. Eso ayuda a explicar el 46,99% de conflictividad alta y un índice de polarización general de 0,365: hay choque, pero no necesariamente dos ejércitos equivalentes; hay un rechazo más intenso que ordena el tono general.
Incluso el vocabulario marca los bandos. En los comentarios a favor aparecen palabras ligadas a “actualizar”, “modificar”, “necesario”, “cambiar”, junto a referencias a trabajo y empresa. En los comentarios en contra, el campo semántico se agrupa alrededor de “trabajadores”, “derechos”, “vergüenza”, “sueldo”, “pueblo” y “gobierno”. Dos marcos morales distintos: modernización y salida de crisis versus defensa de derechos y sospecha de ajuste. Héroes y villanos, en su versión más clásica.
¿Dónde entra Uñac en este tablero? En el plano político, el peronismo sanjuanino se ubica como el contrapeso natural del oficialismo cuando la palabra clave es “reforma laboral”: su identidad histórica se apoya en la protección del salario y de las condiciones de trabajo, y por eso Uñac toma una posición clara en contra de la reforma. Lo que muestra este recorte de datos (y no es menor) es cómo reacciona el público ante la señal más visible del otro lado: cuando un referente central de la gestión de Orrego se pronuncia a favor, la conversación se llena de enojo y el rechazo aparece con alta intensidad, una marca de desgaste y hartazgo y termina convirtiendo el debate en un plebiscito emocional sobre el gobierno de Marcelo Orrego.
Y acá está la paradoja final: el debate se titula “reforma laboral”, pero en redes se juega otra cosa. La audiencia que consume Diario Móvil (según encuesta de Ethos Consultora) está compuesta mayoritariamente por gente atravesada por el mundo del trabajo: 51,28% ocupados y 12,82% desocupados (más 10,26% amas de casa y 23,08% que no busca empleo). No es un público abstracto. Por eso, cuando la política se disfraza de “héroes y villanos”, la gente traduce rápido: héroe es el que protege, villano es el que toca el bolsillo.
Si el oficialismo de Orrego elige el traje del “reformista” y el peronismo de Uñac el del “defensor”, la evidencia de esta conversación marca un aviso: el problema no es sólo qué dice cada bando; es cómo cae. En el termómetro de las redes sociales, el “a favor de la reforma” cae mal: no logra construir mayoría en comentarios y, cuando intenta instalarse, queda rodeado por un clima de rechazo social que se expresa sin filtro. El “rechazo a la reforma” concentra la bronca con alta intensidad y la conversación se corre rápido desde la reforma hacia un juicio más amplio sobre la gestión de Orrego. En criollo: hay rechazo a la reforma en la sociedad sanjuanina y en las redes no se puede ocultar; aparece igual y amplificado.



